TENDINITIS O UN AÑO DE SINTOMATOLOGÍAS VARIAS

Las tendinitis son inflamaciones que se generan en los tendones a partir de la sobrecarga u otras razones. Cuando se inflaman, duelen tanto que no sabés qué hacer. El informe decía: 

ECOGRAFÍA DE PARTES BLANDAS DE HOMBRO
Se examina hombro derecho con transductor de alta frecuencia observándose:
Tendón de la porción larga del bíceps ligeramente engrosado e hipoecoico compatible con tendinitis.

Al principio pensé que "ligeramente" significaba algo inocuo y que con algunas sesiones de kinesiología cualquier paciente mejoraría. Pero no. Desde fines de noviembre del año pasado hasta principios de marzo de este año tuve que hacer sesiones periódicamente. Julián, Lina, Camila, Juan Ignacio y Abril me atendieron durante esos meses porque nunca iba en los mismos horarios, así que conocí a todo el staff de la clínica, incluso Juani que era reemplazante. También hubo otra piba que vi una sola vez y ya no me acuerdo su nombre. 
La kinesiología es una experiencia sensorial muy loca. Magneto, electrodos, ultrasonido, masaje con pistolita, masaje con manos, alcohol en gel, estiramiento, ejercicio acostada, ejercicio sentada, ejercicio parada, mancuernas, bandita, t-rex, colcho, camilla, gimnasio. Cada cosa se siente distinto como una exploración sensitiva que va desde el cosquilleo a la contracción involuntaria de los músculos. El primer día puteé a Julián cuando me tocó justo el punto en que me dolía. Algo que me sorprendió de él fue su confianza al tomarme del brazo para hacer algún movimiento o masaje -calculo que por eso me animé a putearlo, como si fuera un amigo cualquiera-, mientras que Lina era mucho más formal y me avisaba todo lo que iba a hacer antes de hacerlo. Permiso, tenés top? Hace frío? Hace calor? Te llega el venti? Abro? Cierro? Ya estoy con vos, estamos por hoy. 
Mientras los aparatos funcionaban aproveché a frenar el bocho. Mirar el techo de cada salita de la clínica por media hora, buscar manchas, bichitos, telarañas, encontrar formas, caras, observar las molduras, los desprendimientos de la pintura por la humedad, las grietas en el cieloraso, el movimiento de la sombra del ventilador, de las telas que separan mi box del de al lado, el fragmento de piel de la persona que está ahí, qué le habrá pasado, qué le dolerá, hace cuánto está viniendo, cuánto falta. Ya terminó el coso este?
En el medio, cerca de febrero aproximadamente, hice cuatro días de actividad física por semana. Fueron cuatro meses de rehabilitación desde noviembre. El traumatólogo me había mandado al gimnasio. La pregunta cada vez era si seguir o dejar la rehabilitación. Por qué todavía no volví a la normalidad?
Entonces fui a un gimnasio y fui avanzando y cambiando de pesos, pero algunos movimientos tampoco mejoraban tan visiblemente. El que nunca me salió era el vuelo. No voy a hacer una metáfora de esto pero...

Pasaron los meses y ese brazo aún no funciona como antes. Tampoco que fui tan constante con el gimnasio. Empecé uno y cuando arrancó el año lectivo dejé de darle tanta bola al cuerpo. A fines de marzo me empecé a enfermar de gripe, resfrío, algún que otro virus con diferentes síntomas: tos, mocos, fiebre, mocos, catarro, febrícula, sin voz, catarro, mocos, mocos, mocos. Así que iba, me enfermaba, dejaba de ir, volvía, me enfermaba y otra vez. 
Agosto fue el mes de paro total. Con una mudanza, un festival en puerta, un video documental en proceso y varios altercados, el cuerpo dijo basta. La mente también porque un día medio que se me apagó la tele. Cuestión que del gimnasio ya ni había pagado la cuota como para aparentar que iba.
Ahora es septiembre y este mes empecé a ir a un gimnasio medio multitudinario que queda bien en frente a mi nuevo pasillo. La gente que va está re trabada y pasa mucho tiempo ahí. Cómo puede ser que se la pasen hablando y tomando mate y estén tan fit? Yo ni quisiera estar ahí, pero mi amiga, Pilar, dice que cuando crecés, perdés más músculo y que al ser vieja es lo que más necesitás para levantarte. Mientras cuenta esto, es lunes y estamos en un cumpleaños tomando lisos en la Chopería. Me imagino a su abuela de ochenta haciendo un meneaito hasta el piso y volviendo a levantarse, regia, fabulosa y espléndida de la vida.

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